Sebastián Grimberg
Fragmento de novela

Vistamar XI (2024)

Antes de llamarte nunca había pensado cómo un tano, que se vino con una mano atrás y la otra adelante, que contaba, como una hazaña, que comió ratas durante la guerra, cómo un italiano que no era más que una suerte de maestro mayor de obras, llegó a tener una constructora y una inmobiliaria, a levantar casi la mitad de los edificios de Villa Gesell y hasta poner una curtiembre en Córdoba.

O sí, lo había pensado a través de lo que él decía: “esfuerzo”, “trabajo”, “voluntad”, “honestidad”, palabras que repetía una y otra vez, sobre todo cuando se comparaba con los judíos.

También hablaba de la convicción, de la fe en Dios y en el progreso, y de sus propios méritos. Eran cosas que repetía en voz alta, una y otra vez, para mi abuela Estela y para mí, para él mismo, desde el sillón del living, con un wiski en la mano, después de que sus socios se hubieran ido.

¿Había tenido la estrella suficiente para que algún inversionista lo eligiera por su sonrisa ancha, de hielo, para construir edificios en plena villa costera?

Te resultará ingenuo, pero hasta poco antes de llamarte había pensado que el dinero era “honesto” como él decía, y creo que algo de lo que hablamos, aunque haya sido poco, fue lo que me llevó a darme cuenta de quién era Marco realmente. Y si hasta entonces yo había pensado en reventar la caja fuerte para recuperar lo que, entendía, me pertenecía por derecho, cuando supe la verdad me creí más justificado.

¿Justificado en recuperar el dinero, el oro, que pertenecía por herencia a unas raíces de las que yo siempre había renegado?

*

Es duro pensar que te desheredan, que te arrebatan lo que, por derecho, te corresponde.

La otra vez leí un artículo de un millonario que decía que a los hijos no les iba a dejar nada para que “se hicieran de abajo”, por su cuenta, algo así. Pero a ese tipo, seguramente, no le pasó lo mismo, debe haber tenido privilegios; además, si de todas maneras heredará cosas a sus hijos: ambiciones, deseos, gustos, odios, historia familiar, ¿por qué les saca la plata en lugar de sacarles algunas de las otras cosas, seguramente más nocivas? Yo creo que el tipo lo hace por maldad o porque tiene unos valores o una manera de ver la vida bastante torcida, o porque nunca lo vivió en carne propia. Yo jamás te desheredaría. Y no lo digo porque no tenga nada, nunca desheredaría a un hijo porque yo viví el despojo en carne propia, porque el azar de que Estela muriera primero que Marco me robó lo que, más allá de todo, era mi derecho o creía que era mi derecho.

Por la muerte de Estela y por esa cordobesa que apareció con la cría cuando el cadáver de Estela aún estaba tibio.

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